LA EDUCACIÓN BÁSICA Y LA INTELIGENCIA DE NUESTROS PUEBLOS
El desarrollo de la inteligencia es objetivo primordial de la Educación. Para que un sujeto pensante sea capaz de elegir como normas de su vida, hacer lo correcto, practicar la solidaridad, la honestidad, el respeto, y todas las virtudes humanas necesarias para una convivencia verdaderamente pacífica, es necesario que su inteligencia y sus esquemas lógicos de pensamiento lo lleven a concluir que tal decisión y la consecuente acción es lo mejor para él y para los que ama y desea proteger. Si acceder al mejor nivel intelectual posible para cada uno, es un privilegio de unos pocos, entonces la equidad, la tolerancia y, finalmente la paz de un pueblo, son imposibles.
La base del desarrollo de la inteligencia del adulto se ubica en los primeros años de su vida y educación. Por esto, la escuela primaria, sus directivos y docentes, su estructura física y administrativa, su accesibilidad para todos y cada uno de los niños y niñas de un pueblo y sobre todo su capacidad de generar desarrollo intelectual y volitivo en los estudiantes, merece la máxima atención de todas las autoridades y personas que sueñan un mundo pacífico y progresista.
El pensamiento lógico, herramienta fundamental de la inteligencia, se logra a través de la interacción de las mentes infantiles con la realidad, interacción dirigida de manera consciente y ordenada por el maestro, quien desempeña el papel de mediador entre los estímulos existentes en el entorno y los esquemas mentales del alumno. La sola repetición de voces, lecturas, fechas, operaciones mecánicas y otros aprendizajes memorísticos, no logra ningún avance intelectual y por tanto ninguna posibilidad de elección consciente de una forma de vida solidaria y pacífica.
La Educación Matemática inicial no puede consistir en enseñar a los niños solamente la ejecución repetitiva de las cuatro operaciones sin la comprensión de su inmensa utilidad para ayudar a encontrar soluciones a los problemas de la vida real. Al comienzo de este tipo de introducción a la matemática, los niños más capacitados se entusiasman mientras progresan en la habilidad para ejecutar bien y cada vez en menos tiempo los sucesivos pasos de sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, con números que crecen en cantidad de dígitos. Los maestros y sobre todo los padres de estos alumnos aventajados, se sienten muy orgullosos del logro que sus alumnos o sus hijos pueden mostrar.
Infortunadamente este logro, salvo en muy pocos de esos alumnos más talentosos, no se extiende a la comprensión de las situaciones reales en las cuales las operaciones aprendidas cobran sentido. Al pasar los primeros años, decae el interés y también los mejores se tornan apáticos, perezosos y muy indisciplinados.
Los otros, los que constituyen la mayor parte de los niños que asisten a las escuelas públicas urbanas y, sobre todo a las escuelas rurales, en cuanto llegan a los casos complicados de la resta, cuando no todos los dígitos del número que aparece arriba son mayores que sus correspondientes del que aparece abajo, pierden totalmente y para siempre el interés por las cuestiones matemáticas y muy raras veces se conservan atentos y curiosos respecto de otras materias de estudio.
De esta forma, la Matemática en los primeros años de la educación del individuo de los sectores más pobres de la sociedad, pierde su papel de impulsador de la inteligencia hacia mejores niveles de desarrollo y comprensión de la realidad e, infortunadamente, se convierte en un obstáculo para que los niños y las niñas descubran el gusto por el estudio y el inmenso valor del conocimiento.
Creemos que la enseñanza de la Matemática en primaria debe permear todas las actividades escolares en todas las áreas del conocimiento: en la comprensión de las lecturas técnicas o literarias, en las clasificaciones y ordenamientos dentro de la Biología, la Historia y la Geografía, en el sentido profundo y lógico de los beneficios que se derivan de la práctica del Civismo, la Constitución y la Democracia. Por tanto, juzgamos necesario que quienes participan en el planeamiento y desarrollo de la Matemática Educativa en la escuela primaria de los países en vías de desarrollo, se acerquen cada día más a los procesos reales de las mentes infantiles de cada pueblo y lugar, con el fin de proponer métodos y materiales que estimulen en los alumnos la búsqueda, producción y comprobación de respuestas a las cuestiones planteadas, dentro de las circunstancias particulares de los distintos entornos.
La problemática de los maestros de las escuelas primarias, en particular de aquellas ubicadas en zonas rurales, involucra muchos y muy diversos aspectos que van desde las cuestiones salariales, las distancias a los centros, la multiplicidad de grados y edades de los niños, la soledad y la falta de capacitación, hasta el temor a la Matemática como el elemento determinante del fracaso en las evaluaciones que practican las autoridades para medir el rendimiento de los alumnos y la eficacia del trabajo de los docentes. Es necesario resolver esta problemática y lograr maestros satisfechos con sus condiciones sociales y económicas, lúcidos, bien preparados y llenos de ánimo y entusiasmo por su labor, para que la Educación Básica de los pueblos más pobres se convierta en el motor del desarrollo y del progreso pacífico de las nuevas generaciones del tercer mundo.
En los barrios urbanos marginados y en las comunidades campesinas, la experiencia de los adultos dificulta aún más el logro de mejores niveles intelectuales de los niños como beneficio fundamental de la escuela: los mayores, aunque no hayan sacado ningún provecho de todo lo que aprendieron, desean que sus hijos repitan lo que ellos hicieron sin ningún gusto durante sus años escolares.
Es común que los padres de familia se angustien pensando que sus hijos no están aprendiendo nada, cuando las tareas y trabajos que les ven realizar se refieren a acciones con elementos del hogar o del campo y anotaciones cortas relacionadas con ellas. Generalmente creen que esos juegos y observaciones que sus hijos hacen no pasan de ser tiempos perdidos, y exigen al maestro que les ponga tareas de copiar muchas cosas, numerosas operaciones para ejecutar y lecciones para memorizar al pie de la letra.
El llenado rápido de cuadernos con operaciones aritméticas totalmente aisladas de un contexto real o fantástico y con escritos acerca de cuyos contenidos ni los niños, ni los padres, ni los mismos maestros dan razón, es para los mayores la más clara evidencia de la calidad de la educación que sus hijos reciben. Los mueve un doloroso afán de que sus niños y niñas no pierdan el tiempo y se preparen por el esfuerzo pesado de escribir y repetir muchas cosas, para triunfar en un mundo en el cual ellos, los mayores, no lograron casi nada.
Es necesario que quienes sentimos un deseo verdadero de contribuir al cambio real de la sociedad humana, pongamos en común nuestros esfuerzos juntamente con nuestros logros y conocimientos para que puedan crecer en medio de las comunidades pobres y atrasadas, nuevas generaciones más inteligentes, más capaces de crear progreso para sus hermanos y mucho más generosas en el ejercicio de dar lo mejor de sí mismas.
En un marco geográficamente puntual, los integrantes de la Fundación Sócrates para la Investigación Educativa se esfuerzan, desde 1.995, con una visión universal, en lograr cambios reales en el desarrollo de la inteligencia de los niños de pequeñas comunidades de extrema pobreza, para que el futuro de esas comunidades sea más humano y más pacífico y sus nuevas generaciones asuman con ánimo el deber de extender sus logros cada vez más y más allá del núcleo inicial, llevando la semilla del progreso y las posibilidades de lograr mejores niveles de vida a otras familias y comunidades .