A diferencia de lo que pasa en las escuelas privadas, las escuelas públicas que están en el campo son las más pobres, las de menor prestigio e infortunadamente, las que tienen generalmente los profesores menos satisfechos con su ubicación y trabajo, con el agravante de que un solo maestro debe atender tres o más grados a la vez, enseñar todas las áreas y cumplir con los mismos programas de las escuelas urbanas, sin ninguna preparación especial para desempeñarse con éxito en esta multiplicidad y simultaneidad de tareas y responsabilidades.
Las escuelas rurales colombianas, diferenciadas unas de otras por las circunstancias particulares de su ubicación geográfica y sus tradiciones locales, son en conjunto y cada una en particular, con pocas excepciones, exponentes de la ineficacia de los planes de universalización y cubrimiento de la educación, que si bien en principio llega a todos, en la realidad no transforma a los pequeños campesinos en seres pensantes y capaces de mejorar su realidad. Los adultos campesinos jóvenes, que asistieron cinco años a la escuela rural, son más ignorantes que sus antepasados analfabetas, porque ya no tienen las habilidades que ellos cultivaban desde pequeños para su trabajo al modo antiguo y tampoco tienen nuevos conocimientos ni ideas que les permitan introducir progreso en sus propias familias y comunidades.
A este panorama se añade la movilidad permanente de una porción muy grande de la población campesina que emigra huyendo del horror de la violencia, y constituye esa masa de desplazados que no tienen lugar fijo ni son conocidos ni aceptados por los habitantes de los pueblos y campos a los que llegan buscando trabajo y en cuyas escuelas no hay lugar para nuevos alumnos.
En tal medio, los investigadores de la Fundación Sócrates se han propuesto crear y validar unos materiales ágiles, significativos, secuenciados, que permitan que cada niño de la ciudad o del campo conserve la continuidad en el proceso de su crecimiento intelectual, apoyado por sus maestros, o en los casos de aislamiento y privación de la escuela, por sus padres o hermanos mayores o algún adulto alfabetizado que pueda y quiera hacerlo.